Modos de intervenir el cuerpo: parteras y medicina científica en perspectiva histórica

Por Marcelo Sánchez Delgado [1]

(A modo de motivación para leer y discutir el texto: “ABERLES ABIERTO O RAJADO LAS PARTES PUDENDAS”. Prácticas episiotómicas de las parteras chilenas en la Colonia. Apuntes para una reflexión histórica”)

Cartilla de partear

La relación entre cirugía y medicina ha sido muy diversa a lo largo de la historia. En algún momento se consideró que ambas disciplinas debían mantenerse separadas y que los médicos formados en las facultades en el contexto de una medicina hipocrática debían mantenerse alejados de las prácticas ominosas que llevaban adelante cirujanos y barberos.

En los siglos XVI y XVII la relación con la corporalidad concreta llevó a que muchos cirujanos adelantasen a los médicos en conocimiento y efectividad práctica. Conocido es el caso del cirujano que logró sanar al Rey  francés Luis XIV de una fístula anal mediante un procedimiento quirúrgico allí donde los médicos de cabecera, hipocráticos y pre científicos, habían fracasado.

No menos complejas han sido las relaciones entre las intervenciones sobre el cuerpo realizadas en el marco de una medicina tradicional y una medicina científica.  Este es precisamente el caso que presenta el artículo. Se presentan dos casos de persecución judicial contra parteras tradicionales por ejercer prácticas quirúrgicas sobre el cuerpo de las parteras. En los casos judiciales las parteras son denunciadas, sometidas a peritajes de médicos y  se ordenan búsquedas de objetos cortantes en sus domicilios. Finalmente la justicia les impone penas graves: vindicta pública y prohibición de ejercer el oficio so pena de muerte.

El parto, celebración de la vida y renovación de la vida resultan retratados en las causas como acontecimientos de una escatología sangrienta en los que la partera es criminalizada por actuar sobre la madre con procedimientos imposibles para la mentalidad de la época. Los procedimientos criminales de las parteras son descritos como rajar, abrir, sajar, “andar” por las “partes pudendas”, lo que pone a las madres en una condición animal, las rebaja a “chanchas”.

En el seguimiento de los casos queda claro que las parteras manejaban un procedimiento de última línea para los partos “atajados”. Con un vidrio procedían a efectuar un corte  que podríamos llamar “episiotómico”; es decir,  un corte en la vagina realizado para ampliar el canal del parto. El parto atajado era la muerte segura del feto, ya que en la época la cesárea era concebida sólo como un procedimiento post mortem para destinado solo a asegurar el bautismo del feto y la sepultación separada de los cuerpos, en vistas a la resurrección al final de los tiempos. El procedimiento habitual en un parto atajado era la destrucción del cráneo del feto, para intentar salvar la vida de la madre.

Todo un lenguaje criminal y en el reino de lo monstruoso y lo horroroso se despliega en estas causas para describir la intervención contra natura de las parteras. Sólo unas pocas décadas separan estos juicios de la entrada de la episiotomía en el repertorio de prácticas habituales para la atención medicalizada del parto. Intervención que, ejercida en el marco de una práctica con altos estándares de higiene, asegura un proceso de parto rápido acorde a los procesos de una medicina más cercana a la producción industrial que a la atención personalizada. Según señalan algunos autores la episiotomía ha llegado a convertirse en el procedimiento quirúrgico más habitual de la medicina contemporánea y en una cantidad de casos no tan claramente evaluable, una innecesaria “mutilación genital” derivada de un sistema médico reacio a los cambios. El debate sobre la episiotomía actual parece darse más en lo cultural y comunicacional que en lo biológico. Se enmarca en todo caso en la medicalización generalizada de la vida y en las luchas de los comunes por recuperar algún grado de opinión y protagonismo en las intervenciones que se ejercen sobre sus cuerpos.

Así las cosas resulta interesante percibir, a través de los casos de las parteras chilenas en 1790 y de la práctica actual de la episiotomía, la valoración diversa del, en esencia, mismo procedimiento. El objetivo último del artículo no está en incidir sobre la cuestión de la pertinencia o no de la episiotomía en la actualidad, sino más bien en llamar la atención sobre el carácter histórico y voluble que tienen las intervenciones que se realizan sobre los cuerpos; intervenciones que se operan, literalmente, sobre la materia del cuerpo humano, pero que de alguna manera están determinadas, leídas, percibidas desde unas cuestiones en que un mismo delgado filo, conviven lo cultural y lo biológico.

Una visión detallada de los procedimientos episiotómicos por los que se acusa a las parteras y el despliegue mayor de argumentos y  el contexto en torno a este tema, puede encontrarse en el artículo mencionado en el volumen 2, número 1 de Eä – Revista de Humanidades Médicas & Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología. Todo comentario, crítica, opinión, reflexión, serán bienvenidas para el autor.

[1] Marcelo Sánchez Delgado, Magíster en Historia. mjsd.historia@gmail.com

 

Artículo original:

Sánchez, M. (2010). “ABERLES ABIERTO O RAJADO LAS PARTES PUDENDAS”. Prácticas episiotómicas de las parteras chilenas en la Colonia. Apuntes para una reflexión histórica. Eä – Revista de Humanidades Médicas & Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, vol. 2 (1).

Texto completo disponible online en http://www.ea-journal.com/art2.1/Practicas-episiotomicas-de-las-parteras-chilenas-en-la-Colonia.pdf

 

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